“Mi experiencia con las escuelas de perros guia y sus resultados”

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Nos hacemos eco de la experiencia de Victor, y esperamos que sirva para concienciar a todo el mundo de que los perros no son una herramienta. Os dejamos un link a la nota original y una transcripcion de la misma.

Enlace original


“Hoy llegó el día. Después de conseguir una carta que me permite dar pasos, me gustaría explicar algo que es muy polémico y delicado. Algo que nunca hasta hoy me atreví a contar, por miedo a que me quitaran a Marshall. Creedme cuando os digo que estaba deseando escribir esta publicación, pero el miedo a que mi compañero pagara las consecuencias, hacía que guardara mis sentimientos en lo más profundo. Solo pudiéndolo hablar con unos cuantos compañeros que me entendían y apoyaban. Aviso de que esta publicación será muy larga, pero merecerá la pena.

Cuando empecé a dar pasos en el mundo del perro y a trabajar con mis compañeros caninos, quedaba fascinado. Yo en esa época no sabía nada sobre Psicología y mucho menos de los métodos y procesos de aprendizaje. Sabía que si le daba un golpe a un perro al mostrar un comportamiento no deseado, disminuía la probabilidad de que lo volviera a mostrar y que si premiaba un comportamiento, este tendía a repetirse. Yo no voy a ser tan hipócrita de negar que utilicé métodos aversivos, como hacen tantísimos adiestradores hoy en día, los utilicé hace muchos años, debido a la falta de información que había entonces y la poca información que había, era demasiada compleja para que un niño la entendiera. Fui creciendo, mi vida dio varios cambios, objetivos y destinos diferentes, pero siempre había perros en mi camino, siempre.
Hace mucho tiempo tuve la oportunidad de formarme en diferentes escuelas de adiestramiento, conocer y utilizar distintos métodos, algunos mejores y otros peores, conocí a muchos profesionales  y aprendí de ellos. Logré saber que era eso de Psicología del aprendizaje, cuando di el primer paso y la comprendí, me cambió la vida por completo. Actualmente estoy cursando la carrera de Psicología, con esto quiero haceros entender, que se de lo que hablo y me hago responsable de cada una de mis palabras.
Cuando llevé a la práctica toda la teoría que aprendía, la relación con mis perros cambió por completo. Vi como se podían conseguir objetivos más rápidos y más duraderos en el tiempo sin emplear aversivos, trabajando con el respeto y el cariño como bandera. Sin necesidad de collares, sin necesidad de salir a la calle cabreado con el perro, solamente preocupándome de disfrutar de su compañía, de escucharles, aprender lo que me querían enseñar, emocionándome en cada entrenamiento, viendo como nuestra relación se fortalecía…

Algo en mi cabeza cambió cuando Marshall entró en mi vida. Un perro que es mi compañero y me ayudaba siendo mis ojos, un perro guía.  Un perro adiestrado para asistir y trabajar junto a un ciego.
Lo que no entendía, era porqué este perro tenía que llevar un collar de estrangulamiento, porqué los instructores de EEUU y España recomendaban a personas sin ningún tipo de formación el uso de aversivos. Puedo entender que quizá lo hacen para resolver el problema rápido, pero si fuera así, deberían de saber que la realidad es otra. El uso de castigos positivos de forma continua no hará más que mermar el vínculo y serán los responsables de futuros problemas de comportamiento.
Escuchar algo así como:
– Si el perro va guiando y se distrae con otro perro, pégale un tirón de correa fuerte y si aún sigue sin hacerte caso, dale un tironcito del pelo, hablándole para que note tu cabreo.
¿Creéis que es normal? Pues por desgracia es algo habitual.
Me parecía mentira que en el siglo XXI, con todos los estudios y lo que se sabe sobre aprendizaje, un perro de asistencia tuviera que llevar un collar de castigo. Quien me diga que un collar de estrangulamiento no es un collar de castigo es porque quiere maquillar la realidad para engañar a alguien… me parecía mentira que se optara por darle fuertes tirones de correa al perro para hacerle ver lo que hizo mal, en vez de volver a repetir la escena y reforzarle cuando hizo bien el ejercicio. A los perros se les pueden indicar de miles de formas que algo no lo han hecho bien sin darle tirones, patadas o tirándoles del pelo.
Marshall entró en mi casa, pero pertenecía a  una organización de ciegos que se encuentra en España, esa organización seguía y actualmente sigue utilizando métodos aversivos para trabajar con los perros guía, para ser justos, tengo que decir que hay unas pocas personas que se salvan dentro del grupo de instructores, pocas, por no decir una.
Me parece insólito utilizar collares eléctricos, collares de estrangulamiento y métodos agresivos para enseñar a un perro guía el trabajo que tendrá que desempeñar junto a un ciego. Esto no me lo estoy inventando, es la realidad, pura y dura. Uno de los instructores lo confesó  en un congreso de adiestramiento que se celebró hace poco y al que yo asistí. Solamente tenéis que asomaros a la calle. Si lográis encontrar a un perro guía sin un collar de estrangulamiento, seréis de los pocos afortunados de estar delante de un ciego que respeta y no tiene que recurrir a estas herramientas. Aquí me lanzarán cuchillos, pero es cierto. Si tenéis que recurrir a los tirones de correa, es porque algo está fallando. Creedme, que sé perfectamente  de lo que hablo.
Yo decidí en su día quitarle a Marshall el collar de estrangulamiento y sufrí las consecuencias desde la organización. Él guiaba perfectamente, decidí reforzarle en aquellas situaciones en las que había mayores distracciones, dejarle descansar un poco y despejarse cuando la ruta que teníamos que afrontar era demasiado compleja, respetarle como perro, que necesita olfatear, correr, jugar, relacionarse con otros perros… pero el castigo no entraba dentro de nuestras cabezas, ¿para qué?

Hace unos meses hice una encuesta a usuarios de perros guía en España y América Latina. Esta encuesta fue respondida por 163 personas usuarias de PG de forma anónima.
Desde aquí agradecer a una muy buena amiga y mejor profesional que me ayudó a llevar esta idea a cabo.
Indicaré aquí las preguntas y los datos de las respuestas más preocupantes. Juzgad por vosotros mismos.

¿Cuál era su interés por los perros antes de tener a su perro de asistencia?
a. Me gustaban los perros.
44,7%
b. Me resultaban indiferentes.
7,9%
c. No me gustaban demasiado.
45,4%
Otro
2%

Cuando le plantearon la posibilidad de tener un perro de asistencia, ¿cuál fue su primera reacción?
a. Me pareció que me podría ser útil y práctico, me decidí rápido.
74,6%
b. Dudé sobre si sería buena opción, necesité ampliar información para decidirme.
3,4%
c. No me gustó la idea inicialmente, me costó decidirme.
1,8%
Otro
20,2%

Antes de recibir el perro:
a. Contaba con experiencia y/o conocimientos suficientes sobre cómo educar a un perro.
17,2%
b. Sabía poco o nada sobre la educación de los perros.
46,1%
c. Mis ideas previas no eran válidas para un perro de asistencia, aunque sí para un perro doméstico.
35,4%
Otro
1,3%

Las instrucciones recibidas sobre el manejo de los primeros días del perro en casa:
a. Me resultaron suficientes para que el perro y yo nos sintiésemos cómodos.
18,3%
b. Me resultaron suficientes para que el perro se adaptase a mi forma de vida.
72,6%
c. Me resultaron suficientes para adaptar mis rutinas a las del perro.
3,9%
Otro
5,2%

Durante jornadas largas de trabajo:
a. Al estar trabajando, debe esperar para beber, comer o hacer sus necesidades.
64,4%
b. Dispone de algún momento breve para beber, comer o hacer sus necesidades.
11,7%
c. Detengo mi actividad el tiempo necesario para que coma, beba o haga sus necesidades.
13,9%
Otro
10%

En momentos largos de trabajo en los que el perro permanece totalmente inactivo:
a. Permanece con el arnés todo el tiempo, porque está trabajando aunque no se mueva.
69,2%
b. Permanece sin arnés hasta que éste sea necesario para reanudar la actividad.
18,5%
c. Permanece con arnés, aunque si muestra incomodidad se lo quito a veces.
12,3%
Otro

Durante momentos de descanso del usuario en el trabajo o lugar de estudios:
a. Me incomoda que el perro se interese por otras personas conocidas, no debe interactuar.
53,2%
b. Me resulta indiferente que interactúe con personas conocidas, a veces se lo permito.
37,4%
c. Me agrada que se interese e interactúe con personas conocidas, se lo permito.
9,2%
Otro
0,2%

En el día a día con el perro, cuando marca bien escalones, evita obstáculos… en definitiva, no comete errores en su trabajo:
a. Le felicito brevemente con palabras, le doy algún premio para perros o le acaricio.
10,2%
b. No le digo nada para que no pierda la concentración.
61,3%
c. Considero que es su trabajo y está adiestrado para ello, no necesita que le felicite.
28,5%
Otro

En el día a día, cuando ladra o gimotea en un lugar público, no marca bien, o el perro comete errores en su trabajo:
a. Le regaño verbalmente con tono serio y firme, y postura corporal erguida.
44,8%
b. Corrijo su comportamiento para que no lo repita (con el collar, en el costado…)
53,2%
c. No le digo nada, todo el mundo tiene un mal día. Analizo qué puede haber causado el error.
2%
Otro

Cuando tiene que hacer un recorrido o trabajo nuevo:
a. Primero lo hago con ayuda o con alguien que me describa el entorno.
63,1%
b. Lo hago directamente con el perro, delego en él para que me lleve por el sitio correcto.
32,7%
c. Lo hago con el perro, asumiendo yo la responsabilidad de elegir la ruta y no regañándole por los errores que pueda cometer.
4,2%
Otro

Ante conductas erróneas del perro:
a. Siento que me bloqueo, me irrita. Me enfado y se lo hago saber.
43,9%
b. Repito la situación corrigiéndole hasta que lo haga bien, y continúo el camino.
37,2%
c. Trato de tranquilizarme para no transmitirle mis nervios al perro y lo intentamos de nuevo, felicitándole cuando lo consigue.
16,4
Otro
2,5%

Cuando estamos en casa:
a. Creo que el perro ya ha tenido bastante actividad a lo largo del día, por lo que no utilizo juego ni juguetes. De hecho, le ignoro o regaño cuando busca juego, debe descansar.
21,4%
b. Le proporciono juguetes interactivos, y/o juego yo con él habitualmente.
23,7%
c. Le proporciono juguetes para que esté entretenido él solo, no juego con él habitualmente.
32,4%
Otro
12,5%

Paseos en la ciudad o el campo:
a. Le doy paseos breves y rápidos con correa y arnés porque creo que ha andado mucho durante el día y no necesita paseos más largos, sino que necesita descansar.
53,1%
b. Le doy paseos con correa en los que le permito saludar a otros perros y personas.
12,3%
c. Le doy paseos habitualmente en lugares en los que le puedo soltar para que interaccione libremente con el entorno, sin arnés ni correa. Juego con él.
7,6%
Otro
27%

En el caso de que se le permita pasear sin correa ni arnés, ¿cuánto tiempo aproximadamente?:
a. Menos de tres horas semanales.
29,3%
b. Entre 3 y 7 horas semanales.
62,8%
c. Más de 7 horas semanales.
1,9%
Otro
6%

El hecho de que el perro olfatee durante los paseos, me resulta:
a. Interesante, es necesario para él, se lo permito.
27,4%
b. Peligroso, no se lo permito.
46,2%
c. Inquietante porque no sé si hay algún peligro o no, pero no lo evito.
11,6%
Otro
14,8%

Visto esto y otras preguntas que no puse aquí ya que las publicaré con la encuesta completa en mi blog, veo que las escuelas de perros guía se olvidan de algo muy importante. De la formación de los usuarios en un mínimo de educación canina. No digo que salgan sabiendo adiestrar, pero que al menos sepan como funcionan los refuerzos y castigos, como afrontar muchas situaciones del día a día con los perros, como saber motivarlos, conocer sus necesidades, que enseñen que un perro guía es un perro y no una herramienta de trabajo. Que enseñen a resolver situaciones con el perro sin utilizar los castigos, que antes de ir a una escuela, los responsables de hacer las pruebas a los futuros usuarios filtren más, ya que no todo el mundo está preparado para compartir su vida con un perro.

Recordad, que si queremos que nuestro perro trabaje bien, lo primero que hay que cuidar es su bienestar.
Si vuestro jefe os exige, os regaña cuando no conseguís hacer un trabajo a tiempo, cuando no hacéis las cosas perfectas y cuando la hacéis no os lo agradece o reconoce vuestro trabajo… ¿Creéis que estaríais motivados para seguir trabajando?”

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